Anomalisa

En nuestros tiempos, no parece que existan reglas para ver una película. Si consideramos al cine como un rito, entonces obedezco lo que mis profesores de cine me dijeron en las clases: oscuridad, silencio absoluto, y la perfecta triada: la pantalla, la sala y el espectador.

Pero con la evolución de la exhibición cinematográfica (y de los espectadores), es poco posible que ocurra eso. Basta con sentarse frente a la computadora o el smartphone para degustar de una película en Netflix o (más chingonamente) en algo pirata como PopcornTime.

Las reglas para analizar una película tampoco son muy claras. En los días en que estuve en el seminario de crítica en la Cineteca casi nadie compartió sus secretos para ver películas. Sólo Leonardo García Tsao dijo que prefería verla dos veces seguidas: una para verla sin interrupción y otra para tomar notas y pensar.

Yo hago muy poco cualquiera de las dos. Mi pereza me obliga a ver una película, llorar si me conmueve, decir que voy a escribir sobre ella, y luego olvidarla. Pero hoy haré un esfuerzo muy superficial con la película Anomalisa.

Vi Anomalisa a principios de este año, poco antes de la entrega de los Oscar. La vi precisamente porque estuvo nominada en la categoría de Mejor Película de Animación, compitiendo contra Inside Out de Pixar, Shaun the sheep y otras. Era obvio que el premio era para la de Pixar, considerando además que era una película dedicada a los niños y sus emociones.

Anomalisa, por otro lado, es una película para adultos y sus emociones. Me parece que hasta tiene la clasificación B15 o C en México. Y en vez de hacer una reseña o una crítica, me gustaría rescatar cosas relevantes sobre ella que me han hecho pensar, ya no sólo sobre mi vida, sino sobre la interacción que tiene el resto de los seres humanos con otros en cuanto al amor.

Me resulta interesante cómo los directores representan a todas las personas que rodean al protagonista, Michael Stone (que además tiene la súper voz de David Thewlis), con un mismo rostro y una misma voz. He aquí una premisa: toda la gente es igual. Es un pensamiento autónomo que todos tenemos siempre que queremos relacionarnos con alguien: vemos a todos iguales, pero no del modo que en Anomalisa (aunque sí pareciera que tienen el mismo rostro, la misma voz, los mismos ademanes). Puede pasar que hasta a nuestra familia la veamos de la misma forma, sobre todo cuando caemos en la rutina.

Pero de pronto llega alguien a quien no puedes evitar ver como alguien diferente porque, de verdad, es diferente. Una voz distinta, un rostro distinto. No te importan sus defectos porque incluso los ves especiales, distintos. Y también de pronto te comienza a dar igual la presencia de los demás y el hecho de que sean todos iguales. Descubres que la voz de esa persona es como magia.

Así ocurre con el protagonista de la peli y con Lisa, la mujer especial, a quien en el relato encontramos como una anomalía entre todo un mar oscuro de rostros iguales. Anomalía + Lisa = Anomalisa.

Con el mayor esfuerzo por no hacer spoilers de la peli, afirmo que el desenlace de la misma es escalofriante. Mientras se coloca a Michael como una figura que puede cambiar a los demás, también lo vemos como un ente que contribuye al orden de las cosas. Como un conferencista sobre recursos humanos (su empleo), pareciera que el trabajo de Michael es decirles lo que quieren oír, sonreírles cuando es probable que no quieran una sonrisa, sino un cambio trascendental en su vida.

Señala Anomalisa también la cotidianidad de las relaciones. Es la demostración de cómo pretendemos seguir protocolos cuando conocemos a alguien, sin salir de la zona de confort. Si alguien nos llama la atención, ¿qué nos hace pensar que ir al cine/a caminar/al zoológico/a cenar será lo más adecuado para que la relación florezca? Quizá por eso terminan muchas relaciones de manera prematura. ¿La clave está en reconocer que estamos ante un mundo nuevo e ir descubriéndolo poco a poco, soportando los errores?

Al final, Michael se convierte en el antagonista de su propia historia (¿dónde he escuchado eso antes?). No comprende que cada persona tiene su historia, su infancia, sus dolores, sus sueños, su entorno. Lo que dice en su conferencia son, entonces, palabras vacías, y el del error es... ¿él?

Anomalisa no es la mejor película animada, pero sin duda es una de mis tres favoritas en esta categoría (las otras dos son Mary & Max y Ratatouille). No precisamente porque sea un gran trabajo de stop-motion o por el elenco o por el casi nulo éxito taquillero; sino por la fuerza de su relato y por la forma en que me ha hecho pensar en introspectiva mientras la veía.

¿Cuántas veces no me he topado con gente que yo considero similar? ¿Cuántas veces no he pensado que a nadie le gusto por mi físico? ¿Cuántas veces no me he sentido superior o inferior a otros? ¿Cuántas veces he aceptado estar equivocado? ¿Cuánto más me va a aburrir mi vida?

¿Cuántas veces he conocido a un Anomalisa? A veces pienso haberlo encontrado en SMD, pero aún tengo miedo de que tenga el mismo rostro que todos los demás. O peor: yo tenerlo y no darme cuenta.





"Todos son una persona, menos tú y yo".






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