Capítulo 10 - Sherry Highmore

Este capítulo lo estoy escribiendo mucho después de que sucedió, a diferencia de los nueve anteriores que procuraba escribir inmediatamente. Sólo escribí el título: Sherry Highmore, para acordarme de qué había pasado. 

No recuerdo qué hacía en esos días (quizá no era nada), ni mucho menos lo que Samuel hacía. Simplemente recuerdo lo que el título de este capítulo me obliga a escribir.
Mientras leía el ejemplar de la revista Rolling Stone en cuya portada aparecía Freddie Mercury, vislumbré que en las recomendaciones cinematográficas aparecía la película Jersey Boys del director Clint Eastwood. A partir de ese momento, fue mi deseo ver esa película porque -simplemente- el cartel llamaba mi atención. En un principio no supe que se trataba de la adaptación del musical homónimo, que a la vez era la vida de Frankie Valli and the Four Seasons. 

Le dije a Samuel que viéramos esa película. Él aceptó y entonces acordamos una cita en el Cinemex del Centro Nacional de las Artes, cerca del metro General Anaya. 

Tengo que confesar algo (más ahora que recuerdo más claramente las cosas): yo había considerado esa cita como la última que tendría con Samuel. Había tomado una decisión: ese día me despediría de él porque faltaba tan sólo una semana para que iniciara el semestre en la universidad (el quinto para él y el último para mí) y todo iba a cambiar.

Una parte de mí tenía todavía el latente deseo de querer estar con él en todos los sentidos; asimismo otra parte de mí quería alejarse y construir muros invisibles pero resistentes entre ambos. Esta última parte me orilló a tomar esa decisión. Por lo tanto, propuse que nos viéramos directamente en la estación General Anaya del metro, incluso sabiendo que pudimos habernos visto en algún punto cercano a nuestras casas para llegar juntos.

Cuando Samuel llegó al metro, caminamos por diez minutos aproximadamente. Ojalá hubiéramos hablado de algo verdaderamente interesante, porque lo único interesante fue cuando, desde un automóvil, nos arrojaron un vaso de unicel con líquido adentro, al mismo tiempo que nos gritaban: ¡putos!. 

Después de comprar los boletos para Jersey Boys, decidimos ir al jardín del CNA y esperar aproximadamente una hora. No hablamos mucho.

¿Qué tienes? me preguntó.
Nada mentí. Si supiera lo que estaba planeando.

Había elegido ese cine porque Zeltzin dijo que era un buen lugar para sentarse con la pareja y acurrucarse mientras ven la película. Sin embargo, después me enteré de que eso sólo ocurría en la sala premium y, desafortunadamente, Jersey Boys no estaba en esa sala.

Ya en nuestra sala convencional, ocupamos los lugares que Samuel había elegido a su placer. En ocasiones anteriores yo había intentado elegir los lugares con un solo objetivo: darle unos buenos besos; para lo cual tenía que elegir butacas que estuvieran fuera de la vista de los demás y que, además, nos permitieran ver bien la película. Sin embargo, nunca lo logré porque la prioridad de él era ver la película antes que besarme.

En esta ocasión no me importó la ubicación de las butacas. Finalmente esa era la última salida al cine con Samuel. 

¿Estás seguro de que estás bien? me preguntó una vez más cuando comenzaban a pasar los tráilers de las próximas películas. Él sabía que algo ocurría conmigo.
Totalmente seguro, Sam mentí en tono amable. 

La película transcurrió sin mayor trascendencia. Los chicos de Jersey cantaban mucho Sherry. A la mitad de ella, me olvidé por un momento de mis intenciones estúpidas y decidí recargarme en el hombro de Samuel. Por dios, era Samuel, la única persona para la que tenía ojos en ese momento. Lo bueno fue que él correspondió.

Cuando terminó Jersey Boys (al mismo tiempo que sonaba Sherry por enésima vez), decidimos ir al baño y luego esperar a que la lluvia bajara para poder irnos a casa. Tomamos una larga espera de media hora en una sección del cine que tenía una gran banca para descansar. Yo, provocando a Samuel, bromeé sentándome en sus piernas; y él evidentemente me rechazó porque no era cómodo hacerlo frente a todos.  

La lluvia terminó y tomamos el autobús de regreso a casa, en el cual hablamos de banalidades, yo todavía sin tocar el tema delicado del día: la despedida. Realmente no sabía cómo iba a abordarlo. Era a la vez fácil y tedioso.
La única manera de protesta que encontré fue bajarme del autobús donde yo me tenía que bajar y no donde él tenía que hacerlo. No quise acompañarlo hasta la papelería El Estudio.

Para mi sorpresa, él se bajó en donde yo.

Creo que ya te he hecho esta pregunta antes... comenzó, pero... ¿cómo sería tu pareja ideal, en todos los aspectos?

No podía creer que Samuel me preguntara eso. Prácticamente, había dado inicio a la discusión venidera, sin que yo se lo pidiera o lo provocara. 

Aproveché para recitar y enumerar todo lo que él no era:
⎯Pues debería ser una persona tierna, cariñosa, amable, respetuosa, que se preocupara por mí y que estuviera dispuesto a compartir su vida conmigo.

La respuesta de Samuel fue el silencio. Seguimos caminando y la lluvia nos alcanzó, por lo que tuvimos que resguardarnos bajo el todo de un puesto cerrado de tortas. Ahí ocurrió lo siguiente, palabras más, palabras menos:

⎯Esto es algo que no te había mencionado, pero me doy cuenta de que hemos entablado una relación muy personal últimamente... y no sé, pero creo que a veces te descuido mucho por el hecho de no hablar o de no vernos. Entiende que así soy yo ⎯dijo Samuel, remarcando esta última frase. Después continuó⎯: En alguna ocasión te conté que mi ritmo de vida era muy complicado y que difícilmente alguien me aguantaba. De verdad me gusta mucho estar contigo pero quiero que sepas que no puedo estar ahí siempre porque tengo ocupaciones: familia, trabajo, amigos, mi mamá, el inglés. Me gusta que nos estemos conociendo pero me gustaría que entendieras todo lo demás. 

⎯Bueno, Sam, no creas que no me he dado cuenta de todo esto que dices. Evidentemente, desde un primer momento sentí que tenía un compromiso contigo por el hecho de haber salido tanto tiempo. Pero te quiero preguntar: ¿por qué me diste el papelito aquella noche de viernes 13? ⎯dije yo.

⎯Porque quería conocerte ⎯respondió Samuel.

⎯¿Conocerme y ya? Yo pensé que sería algo más. Supuse que te gustaba, y ahora no estoy seguro de eso. No nos hagamos tontos, Samuel, si estamos saliendo es porque tenemos una intención particular. Con todo lo que ha pasado y con todo lo que me dices ya no me queda clara tu intención, pero es obvio que conmigo las cosas son distintas: yo sí quiero seguir saliendo contigo, quiero ser tu novio, me gustas y quiero quedarme contigo.
       “Yo sé que tienes un ritmo de vida súper difícil, y respeto mucho eso. Nunca me he metido con tu carrera, tu trabajo, tu familia, tus amigos; de hecho, me agrada que tengas todo eso que yo difícilmente consigo: yo no tengo tantos amigos como tú, mi familia no es unida como la tuya, yo no tengo trabajo constante. Entiendo tu ritmo de vida y, la verdad, si quiero estar contigo es porque sé a lo que me arriesgo y porque estoy dispuesto a aguantar. Después de todo, siempre he actuado en función de lo que tú haces. Es por eso que la determinación por mi parte casi no viene. Si se me ocurre pensar en que quiero salir contigo me detengo inmediatamente porque quizá no puedas por tus múltiples ocupaciones. Es por eso que cuando nos hemos visto ha sido porque tú lo has propuesto, y yo difícilmente digo que no. 
          “Ya lo sabes, he actuado en función de lo que tú haces. He respondido a lo que tú me das ⎯concluí. 


Ambos nos quedamos sin palabras.

Difícilmente puedo recordar lo que dijimos después. Sólo me recuerdo devolviéndole a Samuel los dos libros que me había prestado en la cita exprés y a él diciendo: “parece que estamos terminando y no somos nada, nos estamos entregando todo lo que teníamos”. Aunque él no me entregó nada; al contrario: se llevó todo. 

Me acompañó al autobús que me llevaría a mi casa. Mientras cruzábamos la calle, se me ocurrió decirle:

⎯Mañana va a estar Freddie Highmore, el de Bates Motel, en Plaza Universidad.
⎯¡Wow! ¿En serio?
⎯Sí, pero solamente firmará autógrafos a quien compre la serie mañana mismo.
⎯¿Y estará muy cara?
⎯Como 370 pesos.
⎯Me gustaría ir, pero tengo trabajo.
⎯A mí me gustaría ir, pero no tengo dinero, jajaja.

Minutos después nos despedimos y me fui, sin sentirme derrotado pero tampoco triunfante.
Antes de partir, Samuel me pidió que, como siempre, le avisara cuando llegara a casa. Dudé en hacerlo, pero finalmente acepté una vez que hube llegado a mi hogar.

Para mi sorpresa, Samuel respondió el mensaje casi instantáneamente: 

⎯¿Cómo te fue? ⎯decía su mensaje.
⎯Bien, el autobús tardó mucho en salir ⎯respondí.
⎯Sí, fue lo que vi ⎯dijo él.
Decidí abandonar la conversación por dos razones: una, ya no quería seguir hablando con él; y dos, necesitaba mis dos manos para cenar. 
Para mi sorpresa, nuevamente, Samuel continuó la conversación:
⎯¿Te puedo llamar por FaceTime en un rato?
⎯Claro.

Casi a la medianoche, ya me encontraba en mi cama y esperaba la llamada de Samuel por FaceTime. Cuando llegó, me parece que fue al grano:
⎯Oye, estuve pensando las cosas y me di cuenta de que eres una persona que vale muchísimo la pena; y, la verdad, no quiero perderte.

Había sido derrotado por Samuel.
No supe qué responder. Me mantuve firme en mi posición:

⎯Aquí andaré siempre. Actuaré en función de lo que tú hagas.
⎯Está bien.

***

Al día siguiente fui al gimnasio temprano. Mi primo Pilou, como siempre, me acompañaba. Mientras corría en la caminadora (qué nombre tan paradójico), recibí un mensaje de Samuel:

Hola, soñé que íbamos a Universidad a ver al de Bates Motel.
Ándale, vamos, ¿sí?

Mi respuesta a la mentira fue:

¿En serio soñaste eso?
Me encantaría ir pero no tengo dinero para comprarla y debe haber mucha gente.

Su respuesta:

Aunque sea vayamos a ver. 
O yo la puedo comprar. Pero vamos.

Y así, nuevamente en contra de mi voluntad, acordamos una cita para ese mismo día a las cuatro de la tarde en la Plaza Universidad, en donde estaría Freddie Highmore, el actor inglés protagonista de películas como Charlie y la Fábrica de Chocolates, August Rush, Las crónicas de Spiderwick y de series como Bates Motel. De hecho, por la promoción de la segunda temporada de ésta última era que Freddie estaba en México.

En la plaza, lo primero que hicimos fue dirigirnos a Mixup, en donde la fila de personas cada vez se hacía más grande. Samuel, sin pensarlo, compró la serie que desconocía hasta ese día y que prácticamente había conocido gracias a mí. Él sabía que Bates Motel era mi serie favorita, y ambos sabíamos que yo era la razón por la cual estábamos allí. O al menos eso pensé.

Después nos formamos en la larga fila de espera que iniciaba en Mixup y terminaba afuera de la plaza, en la esquina de Plaza Universidad. Antes de eso, nos habíamos encontrado a Karen Wood, una amiga mía de la universidad, quien me saludó con mucho gusto y fue amable con Samuel. Los presenté y platicaron durante un minuto sobre Bates Motel y la logística del evento. Después Karen, que era ganadora del autógrafo gracias a una estación de radio, se fue para ser de las primeras en ver a Freddie.

Samuel y yo estábamos en la larga fila. Afortunadamente logramos ser de los primeros trescientos que compraron la serie ese día, lo cual significaba que tendríamos la oportunidad del autógrafo de Freddie Highmore. 

La espera en la fila fue aburrida. Yo no había olvidado lo de la noche anterior y de alguna manera tenía resentimiento, pero valoraba mucho lo que Samuel intentaba hacer para alegrarme el día: ir juntos a ver a un actor de mi serie favorita. Aunque todo habría estado mejor si me hubiera comprado algo de beber, pues me moría de sed.

Casi no conversamos, sólo observábamos ⎯como era común⎯ nuestro entorno: cientos de fans formados, vendedores ofreciendo la foto del recuerdo, ambulantes, policías, transeúntes, autos.
Cuando estábamos por llegar a la entrada de la plaza, una mujer policía que ayudaba a coordinar a los fans habló en voz alta:

⎯¡Sólo puede pasar una persona por disco, con ticket en la mano! ⎯lo cual significaba que sólo uno de nosotros podía estar con Freddie, pues sólo teníamos un DVD.

No puedo olvidar la expresión de decepción de Samuel. Por un lado, se sentía consternado por verse demasiado egoísta conmigo si él pasaba solo; pero por el otro, él sabía que era su derecho pasar porque él había comprado el disco y porque ⎯quisiera o no⎯ Freddie Highmore también le gustaba físicamente (lo cual nunca dijo propiamente pero se notaba).

⎯Qué mal que sólo dejen pasar a una persona... ⎯me dijo después de unos segundos de silencio.
⎯Sí ⎯lamenté casi sin pensar⎯, pues aquí te espero.
⎯¿Me tomas fotos, por favor? Es que mi teléfono no sirve, es chafa.
⎯Claro... ⎯dije pensando en la malévola venganza de no tomar ninguna foto.
⎯Gracias, y en serio qué mala onda que no te hayan dejado pasar...
⎯No te preocupes, yo ni compré la serie.

Al cabo de un rato la fila se fue haciendo más chica y Samuel se acercaba a Freddie Highmore. A mí me desplazaron a la zona de los mirones y desde ahí pude observar cómo por unos segundos Samuel y Freddie se encontraban y se estrechaban las manos. Todo quedó registrado en video, porque me pareció más eficiente en vez de tomar muchas fotografías.

⎯¿Me tomaste fotos? ⎯preguntó Samuel excitado una vez que hubo salido del Mixup.
⎯Sí... Bueno, en realidad fue un video porque vi que todos estaban pasando muy rápido y quizá las fotos saldrían mal.
⎯Lo sé, son unos malditos ⎯lamentó⎯, ¡pero wow, ya tengo mi autógrafo! Y no manches, habla muy bien español.
⎯¿Qué te dijo?
⎯Me preguntó mi nombre y después lo pronunció: ¡Samuel!
⎯Jajajajaja.
⎯Y además sus ojos, ¡no inventes!, son hermosos... ⎯puntualizó Samuel haciéndome sentir peor.
⎯Bueno, Sam, pues tendrás que ver la serie para que no te quedes a medias.
⎯Sí, llegando a mi casa la veré.
⎯¿Quieres un helado? ⎯pregunté, tratando de desviar la conversación. Samuel dijo que no quería; sin embargo, yo sí me compré un helado de vainilla con miel, algo bastante dulce para olvidar la amargura del momento.

No sabía qué hacer. Sólo quería salir huyendo y dejar a Samuel ahí. 

Al terminar de firmar los discos de Bates Motel, Freddie Highmore dijo unas palabras incomprensibles en español para todo el público y de pronto desapareció por detrás de la mampara de Universal Pictures que habían colocado. El público estalló en aplausos y gritos y todo se desvaneció.

En el camino de vuelta a casa guardé silencio, como últimamente lo había hecho. No quería hablar con él, sólo quería que se fuera y que me dejara en paz para, quizá, llorar lo que no había podido llorar desde el momento en que lo conocí. Eran lágrimas que él detenía con el esfuerzo que hacía por mantenerme ilusionado.

⎯Gracias por acompañarme hoy ⎯dijo a bordo de la vagoneta, ignorando por completo que yo me sentía mal. 

¿Acompañarlo? ¿No él me había acompañado a mí? ¿No era para mí el regalo de reconciliación? ¿No se había sentido mal después de ver Jersey Boys? ¿Y el supuesto remordimiento? ¿Su estúpido sueño se había hecho realidad?

Egoísta. No había otra palabra para describir a Samuel en ese momento.

Casi llegar a Villa Coapa, pasé mi pasaje y pedí al chofer que me bajara en mi parada, no en la de Samuel. 
⎯Hoy no te puedo acompañar a tu casa, Sam ⎯le dije casi sin mirarlo. Su expresión fue de ligera decepción.
⎯Está bien ⎯dijo⎯, muchas gracias por acompañarme.
⎯De nada, y no olvides ver la serie.
⎯Sí, la veré al rato. Le diré a mi mamá que la veamos juntos.
⎯Está bien, adiós.
⎯Cuídate, me avisas cuando llegues a tu casa.

Por lo menos esperaba que me invitara a ver Bates Motel con él a su casa. Eso es demasiado para Samuel, quien le tiene que rendir cuentas a su madre todo el tiempo, casi como Norman Bates a Norma, su madre. 

Me pregunto si Samuel será capaz de volverse un psicópata como Norman, capaz de asesinar y de hacer daño sin saberlo...

A mí ya me tenía muerto en vida; por lo tanto, pienso que sí.




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