Epílogo
I. CUATRO MESES DESPUÉS
Me encuentro en una fría noche de noviembre, del mismo año en que conocí a Samuel. Ha pasado mes y medio desde la última vez que supe de él. Supe que inició bien su semestre, tomando clases de inglés, de italiano, y asistiendo a su trabajo y escuela.
Quisiera sintetizar el relato de la última vez que lo vi:
Pedí acompañarlo al dentista, por segunda vez, hasta el metro Cuitláhuac. Él aceptó e incluso permitió que habláramos de la carta que días antes le había hecho llegar a su domicilio, igual que la última vez.
Ofrecí disculpas. Al releer la carta me di cuenta de que había sido algo precipitado y que, más cualquier otra cosa, se leía como un reclamo o una súplica de amor. Le pedí perdón a Samuel por tan incómodo momento que seguramente esa carta le había hecho pasar, incluso desde el momento en que su madre se la hubo dado.
Él dijo que no había problema, pero que sí se había molestado al leerla, aunque de igual manera agradecía que manifestara mis sentimientos sobre él. Mantuvo su posición de no querer nada con nadie, más ahora que su tiempo era absorbido en su totalidad por todas sus ocupaciones de siempre, más la escuela.
De regreso, lo acompañé por última vez a su casa. Caminamos lo mismo que habíamos caminado la vez que vimos Paraíso. Pasamos por la misma avenida, por el mismo bache, por la misma alcantarilla sobre la cual yo me había subido para estar a su estatura y poder darle un beso. Pero esta vez no pasó nada más. Ya ninguno sentía nada.
El silencio se apoderaba de nuestras bocas. Sólo oíamos los autos, las aves, la gente, el viento, todo menos a nosotros mismos.
Cuando llegamos a la papelería El Estudio, nos despedimos de una manera muy somera.
⎯A ver si nos vemos el próximo fin de semana, ¿no? ⎯dijo Samuel.
⎯Sí, por supuesto ⎯respondí y nos dimos un abrazo.
⎯Que te vaya bien.
⎯Igualmente ⎯concluí y me di la vuelta para regresar caminando a casa.
Esas fueron las últimas palabras que me dijo.
Mientras caminaba fui sincero conmigo: me di cuenta de que realmente Samuel no era la persona con la que yo debía estar, que por más que quisiera, era imposible porque todo estaba en mi contra.
Había perdido esa parte de la batalla.
No me quedaba remedio mas que aceptarlo.
Era lo mejor.
Me propuse dejar ir a Samuel de la misma manera en que él me había dejado ir desde hacía mucho.
Con el paso del tiempo me fui olvidando de él. Recordándolo únicamente con sentido del humor. De vez en cuando sollozaba, no por él, sino por la impotencia que sentía por no haber logrado que él se enamorara de mí.
Cuando le platiqué a Raúl (un tipo que no es mi amigo pero que no sé cómo terminó siendo mi interlocutor), su respuesta fue dolorosa pero sincera:
⎯Obviamente Samuel sí quería una relación, pero no contigo. Simplemente no le gustaste lo suficiente y por eso te desplazó poco a poco, como lo hace la gente indecente.
Después de todo, me queda el consuelo de que hay muchos otros que morirían por estar conmigo, por que les dé un beso o por que les otorgue una noche de sexo. Gente hay en todas partes y en todo momento; amor, no.
II. OCHO MESES DESPUÉS
Hago todo lo posible por olvidar a Samuel. Se siente igual que una ausencia a causa de muerte; sólo que el muerto sigue vivo. Debe andar por ahí, en algún lado, caminando, desgastándose los zapatos entre oficinas y juzgados, sudando cántaros y padeciendo hambre en tiempos de agobiante labor burócrata. Pero le gusta su vida, y dudo mucho que cambie.
¿Será necesario seguir convirtiendo su recuerdo en letras? Cada que pienso en él, las ganas por escribir aumentan, pero cuando me siento frente a la computadora, todas las ideas desaparecen. Justo ahora estoy haciendo mi mejor esfuerzo. Ha sido un día normal, todas las cosas estuvieron en su lugar. Lo único extraordinario que ocurrió fue que conocí, casi incidentalmente, al elenco de la película Güeros de Alonso Ruizpalacios. Y lo más extraordinario fue que me volví un fideo gracias a la lluvia. Por suerte pude proteger mi póster firmado con los autógrafos del elenco.
Pasan los convoys por la misma estación en la que lo vi por primera vez, y él no aparece. Salen vagonetas y combis, y él no aparece. Vuelve a brillar la luna en la misma parada de autobús, y él no se acerca.
Ya sé que nada pasa dos veces de la misma manera, pero tengo que confesar que en estos momentos quisiera que pasara todo de la misma manera. Quiero que Samuel o alguien mejor se cruce en mi camino. Quiero tener una segunda oportunidad (porque además he considerado que con Samuel yo mismo me orillé al fracaso).
Escucho las mismas canciones, veo las mismas películas, leo los mismo poemas y repaso los mismos recuerdos. En sueños, Samuel me pide que lo deje en paz. No puedo. No sé si necesito verlo. No sé cuáles serían las consecuencias.
Hace un par de meses creí que él ya tenía una relación amorosa. Publicó, como nunca, una foto en su cuenta de Instagram, y comentó -también como nunca- que pensaba en “alguien especial”.
Después, la foto de perfil de WhatsApp. En ocasiones abro una nueva conversación y mis dedos teclean las primeras letras de un saludo, pero después se arrepienten y borran todo, no sin antes espiar en el estado y la foto de perfil. En una ocasión puso una foto de él con un chico, otra vez como nunca lo había hecho.
Afortunado soy al no creer en las especulaciones y sospechas que tengo. Prefiero los hechos y la realidad fortuita.
Aún así, sigo pensando en una vida imaginaria, ideal y utópica a su lado. En cómo habría sido pasar momentos clave de mi vida reciente si él estuviera conmigo. El día de mi graduación pensé en él (aunque estuve besándome con Jhony) porque meses antes me había dicho que ese mismo día era el cumpleaños de su cuñado y de que siempre hacía una fiesta grande. Lo imaginé en la fiesta del cuñado y después en mi fiesta.
Lo imaginé, también, dejándome y recibiéndome en el aeropuerto de la ciudad, disipando mi dolor por haber perdido el vuelo desde París, compartiendo mi gusto (y mi dinero) por haber obtenido el tercer lugar en el concurso de cortometrajes, felicitándome en mi cumpleaños, Navidad, Año Nuevo y San Valentín. Lo imaginé como parte de mí.
Tengo una respuesta a todo, pero no quiero aceptarla. ¿Por qué lo imagino a él?
Samuel está en mí porque llegó de manera extraordinaria. Tengo apenas 22 años (21 cuando lo conocí) y jamás me había pasado algo como lo que ocurrió aquella noche de viernes 13.
Si repasamos mi historia amorosa es fácil determinar la causa del inicio y de la ruptura de cada una de mis relaciones. Es menester aceptar que casi todos han llegado a mí de una manera indirecta. Pensemos un poco en Alan y Kevin, los primeros dos. Los conocí en la prepa: uno era compañero mío y el otro era un chico un año menor que yo. En ambas situaciones la prepa nos unía. Ay, la prepa... Parece un país lejano y olvidado.
Pensemos en Julio, Jorge y Joel, la triada de J’s que me acompañó en gran parte de mi carrera. La particularidad con ellos fue que llegaron a mí gracias a internet, el poderoso monstruo, el arma de doble filo. Afortunadamente, nunca me salió el tiro por la culata y pude deshacerme pronto de cada uno de ellos.
A partir de ahí, todos llegaron por internet. No sé en qué momento llegó a mí la idea de seguir a desconocidos en Twitter y mandarles mensajes privados. No recuerdo el momento en que llegó a mí la sugerencia de aplicaciones como Hornet o Grindr. No sé por qué decidí abrir una cuenta de Chatroulette.
Sé que todo es más fácil ahí: basta con un clic para eliminar a una persona de tu vida. Pero hubo muchos que trascendieron, a los que dejé entrar más allá. Y así como llegaron de rápido, rápido se fueron. Hasta que llegó Samuel.
Samuel fue el primero que sin chistar tuvo las agallas para hablarle directamente a un extraño que conoció en el transporte público. Él fue quien casi murió de nervios y pena al momento de pronunciar el primer hola. Fue Samuel quien se esforzó por conocerme sin anteponer ningún medio electrónico.
Pero también fue Samuel el primero que me rechazó.
Fue Samuel el primero que me olvidó antes de que yo lo hiciera.
Y por eso ahora lamento mi situación. Mi ego no ha podido recuperarse después de ese golpe. Ha tenido alzas, gracias a personas como Herzon, Daniel, Andrés o el nuevo Jorge; pero sigue con la grieta que asemeja una letra S.
Si al principio de este relato pensaba en The miracle como eje conductor de mi vida, creo que es momento de pensar en The show must go on. El espectáculo debe continuar, no sé cómo ni cuándo ni por qué, pero debe continuar.
Realmente cuento los días hasta que pueda dejar de pensar todos los días en Samuel. Me he propuesto algo: si ganamos el concurso de cortometrajes con El convoy o (No soy una metrera) y logramos un lugar en el Festival Mix de Cine y Video, entonces me sentiré con el derecho de escribirle a Samuel lo siguiente:
Hola, Exeimuel:
Espero que estés muy bien... y espero que aún te acuerdes de mí. Me pondría muy mal si no lo hicieras, porque al menos conmigo has estado muy presente en todo este tiempo que ha pasado, unas veces más que otras.
Te escribo, en primer lugar, para desearte buenos momentos. Sé que hace unos días fue tu cumpleaños y estoy seguro de que lo celebraste en grande porque siempre me dio la impresión de que te gustaba juntarte con las personas que de verdad importan mucho en tu vida. Del mismo modo, ojalá hayas recibido muchos regalos útiles y funcionales.
En segundo lugar, te escribo (y no puedo engañarme) para que te acuerdes de mí. Sé que no signifiqué mucho en tu vida, que solamente fue un par de meses lo que nos tocó compartir en esto que llaman el tren de la vida. Pero aún así, espero que lo poquito que pude aportar haya sido de utilidad y de goce.
No sé a qué te dediques ahora o si ya estés formalmente relacionado con alguien, no me gustaría saberlo ahora. Realmente vengo a hacerte saber que gracias a ti, en parte, logré una de mis propuestas de vida.
Ayer me dieron la gran noticia de que mi cortometraje El Convoy fue seleccionado para exhibirse en la edición de este año del Festival Mix de Cine y Video. Estoy seguro de que lo conoces. Hace unos meses vimos a la par la película Hoy quiero volver solito y te llegué a comentar que originalmente se había exhibido en México gracias al ese festival.
Hoy me toca a mí estar en las salas, y no como espectador.
Estoy muy orgulloso de mi trabajo (y el de mis colaboradores). Nada me puede satisfacer más en estos momentos.
A estas alturas te estarás preguntando por qué te agradezco. Bien, pues te confesaré que durante mucho tiempo escribí en páginas blancas mi historia contigo, desde que te vi por primera vez en el vagón del Metro hasta el día en que de plano desapareciste del mapa. Si recuerdas nuestras viejas charlas, en algún momento llegué a responder “estoy escribiendo” cuando me preguntabas qué hacía.
Cuando leo esa historia, me doy cuenta de que ha sido una de las mejores que he escrito, y tiempo después me di cuenta de que era digna de estar en una película. Por favor no pienses que mi corto está basado en nuestra historia, sería un poco aburrido y trágico; pero es claro que hay uno que otro guiño.
El corto se llama El Convoy o (No soy una metrera) y la premisa básica es: un chico conoce a otro en el metro y, posteriormente, en una parada de autobús, se hablan. El detonante de la historia es un papelito que incluye el número de uno de ellos.
Colegas y amigos que supieron de mi historia contigo aseguraban el tinte autobiográfico de mi corto. No podía negarlo. ¡Cómo no escribir y modificar una de las historias más emocionantes que han pasado en mi vida!
Por lo tanto, vengo a agradecerte por haber sido el primer colaborador de este corto, por haber causado tanto revuelo en mi vida como para tener ganas de convertirte en letras y después en imágenes y sonidos.
Gracias por llegar en un momento inoportuno y por alterar el curso de mi vida con tanto estilo. Gracias por arruinarme muchos días, sin los cuales yo no habría escrito lo que ahora veremos en pantalla.
Estás cordialmente invitado al estreno de El Convoy. Se exhibirá en la Cineteca Nacional el próximo 30 de mayo de 2015, en la sala 7 (Alejandro Galindo), en el marco del mencionado Festival Mix y dentro de la función Mexican Curious.
Desconozco si tendrá otras fechas de exhibición, pero en caso de que no alcances ninguna, con gusto te haré llegar una copia en DVD del corto...
....si es que esto no te ofende y aún quieres verlo, hijo de puta.
Hasta pronto, Exeimuel.
(Sigo pensando que es un apodo chingón)
Atte. M.E.S.
FIN (?)
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