El Chico de las Entradas
Cada que Apple presenta un nuevo iPhone (es decir, cada año), los comentarios negativos son los primeros en llegar: que no cambió nada y sólo subió de precio, que Apple ya no innova, que desde que murió Steve Jobs perdieron todo, que si es mejor Samsung o cualquier otra marca... Y es la verdad, más la parte de Steve Jobs, pero no precisamente porque él fuera un inventor o diseñador; sino porque él sabía que, antes que el producto, está su presentación; y la presentación de las cosas siempre va a significar la primera impresión que tenemos sobre algo (o de alguien). Es un símil de cuando, en el cine, argumentamos que "ya todo está contado, menos nuestra visión de las cosas". Por tanto, sí ha cambiado Apple, pero en sus presentaciones. Ya no existe la emoción ni de los presentadores ni del público asistente a las Keynotes. La última vez que recuerdo una gran ovación fue cuando Tim Cook presentó el Apple Watch, en 2014, luego de decir una clásica frase de Steve Jobs: One more thing...
En la última Keynote presentaron el iPhone 7 y un nuevo Apple Watch; pero lo hicieron con todo el desdén posible e invitando a cualquiera que se les ocurriera al escenario. En épocas de Jobs, era Jobs el único protagonista de las presentaciones, y lograba que, en los lanzamientos de los productos, ocurrieran filas y campamentos enormes de gente esperando. Se creó una religión, pues.
Conclusión: la presentación de un producto es, a veces, más importante que el producto mismo. Y pienso que debería ser del mismo modo con las personas, considerando como "presentación" a la "primera impresión" que alguien es capaz de ofrecer a alguien (o alguienes).
Recientemente terminé de leer el libro de Chris Pueyo, El Chico de las Estrellas. En una carta del pasado a SMD le conté que lo había comprado porque me había atrapado desde el momento. Conseguí el primer capítulo en Internet y entonces me atrapó, por lo que decidí comprarlo físicamente. A partir de entonces, El Chico de las Estrellas se volvió un fiasco. Es sólo un libro de memorias de un adolescente gay español que engrandeció su sufrimiento por ser gay, pretendiendo así que el lector sintiera lástima, compasión y/o identificación. Según su texto, pasó por desprecio familiar, bullying escolar, noviazgos falsos con mujeres, relaciones por Internet, desamor, etcétera. Es decir, todo por lo que millones de niños gay hemos pasado en países de un nivel socioeconómico parecido al de España. Nada nuevo, nada novedoso, nada interesante; salvo por la forma en que lo presenta en el primer capítulo que logra atraparte, con frases medio vacías y "tres antídotos de la supervivencia" que, desde mi punto de vista, son lo más rescatable de todo el texto.
Lo transcribo a continuación, para que se ahorren unos cuantos euros y no compren El Chico de las Estrellas:
En la última Keynote presentaron el iPhone 7 y un nuevo Apple Watch; pero lo hicieron con todo el desdén posible e invitando a cualquiera que se les ocurriera al escenario. En épocas de Jobs, era Jobs el único protagonista de las presentaciones, y lograba que, en los lanzamientos de los productos, ocurrieran filas y campamentos enormes de gente esperando. Se creó una religión, pues.
Conclusión: la presentación de un producto es, a veces, más importante que el producto mismo. Y pienso que debería ser del mismo modo con las personas, considerando como "presentación" a la "primera impresión" que alguien es capaz de ofrecer a alguien (o alguienes).
Recientemente terminé de leer el libro de Chris Pueyo, El Chico de las Estrellas. En una carta del pasado a SMD le conté que lo había comprado porque me había atrapado desde el momento. Conseguí el primer capítulo en Internet y entonces me atrapó, por lo que decidí comprarlo físicamente. A partir de entonces, El Chico de las Estrellas se volvió un fiasco. Es sólo un libro de memorias de un adolescente gay español que engrandeció su sufrimiento por ser gay, pretendiendo así que el lector sintiera lástima, compasión y/o identificación. Según su texto, pasó por desprecio familiar, bullying escolar, noviazgos falsos con mujeres, relaciones por Internet, desamor, etcétera. Es decir, todo por lo que millones de niños gay hemos pasado en países de un nivel socioeconómico parecido al de España. Nada nuevo, nada novedoso, nada interesante; salvo por la forma en que lo presenta en el primer capítulo que logra atraparte, con frases medio vacías y "tres antídotos de la supervivencia" que, desde mi punto de vista, son lo más rescatable de todo el texto.
Lo transcribo a continuación, para que se ahorren unos cuantos euros y no compren El Chico de las Estrellas:
De las tormentas tristes, respuestas.
De los meses del año, instantes.
Del blanco de las paredes, estrellas.
El primero se refiere a la muy curiosa práctica de colocar dos vasos en tu ventana cuando haya una tormenta. Uno etiquetado con el sí, y otro con el no. Bajo esta premisa, la lluvia te dará la respuesta que quieres a esa pregunta que no sabes responder. El vaso que más se llene es el de la respuesta correcta.
El segundo significa escribir en los boletos del Metro de Londres (ja,ja), que son mensuales, instantes que hayan marcado tu vida. Pero él mismo refiere al final que eso ya no es posible, porque ya casi ningún Metro de ciudad vende boletos mensuales en papel (pura tarjetita).
Y el tercero significa... pintar estrellas en cada cuarto en el que rentes.
***
Bueno, nos hemos ahorrado unos 230 pesos mexicanos, porque –como dije– el resto del libro es basura viciosa. En El Chico de las Estrellas leí a un adolescente que claramente no sabe qué pedo con su vida. Y antes de los tomatazos, admito que sí le tengo envidia a Pueyo, pero no porque él ya haya publicado un libro, sino por toda la lana que hizo con ese textillo mediocre. Creo que hasta mis entradas de blog son más interesantes y mejor contadas. (Editorial Destino, lee mis historias con Exeimuel y con SMD y patrocíname, plis)
Pero regreso a mi idea principal: las presentaciones.
En algunos casos, se ha vuelto parte de mi ideología considerar a una presentación o primera impresión más importante que el producto o una persona misma.
Tengo una premisa muy interesante que aprendí de una película mexicana: sólo hay una oportunidad de dar una buena primera impresión. Sólo una. Y si te falla, ya te chingaste... o bueno, será difícil tener una segunda oportunidad y/o limpiar tu imagen. Es posible aplicarla en las relaciones amorosas. Piensa, tú lector, la primera vez que viste a tu pareja o expareja. ¿Cómo ibas vestido?, ¿te habías bañado ese día?, ¿cómo hablaste y te moviste?, ¿qué tanto dijiste sobre ti?, ¿qué presumiste o cuánta humildad te brotó?.
Yo siempre pienso en eso y, debo admitir, no siempre lo controlo. El caso más reciente fue cuando vi por primera vez a SMD en persona, luego de dos meses de charla por Internet. Recientemente lo encontré en el Marra y me hizo ver, ahora sí, cuáles habían sido mis errores (luego de que sorpresivamente me dejara bajo el único argumento de "no estoy para una relación ahorita"). SMD básicamente me hizo notar la desconfianza de la que fui víctima desde el primer día. Me dijo, tal cual: "Estoy harto de tener que decirle a todos lo que hago". Y yo no dejaba de pensar: "pero si lo twitteas todo el tiempo". Pero más bien se refería a las relaciones porque, recuerdo, detestaba tener que hablar con Hosni sobre todo lo que hiciera; y pienso que yo nunca exigí precisamente eso, sino más bien un poco de estabilidad. Y como no la tuve, mi reacción absoluta fue la desconfianza desde el primer momento. Es decir, una mala presentación, mala primera impresión. Y de ahí fue de mal en peor: porque en las ocasiones en que encontramos a sus amigos, como ya sabemos, me alejé, promoviendo así mi pésima primera impresión.
Pero como SMD poco a poco se va quedando en un pasado que sólo recordaré por entradas de blog y conversaciones de Telegram, decidí avanzar, incluso recibiendo uno que otro señalamiento de su parte, indirectamente vía Twitter. Varias veces publicó comentarios que hacían alusión a mis defectos o palabras menos relevantes, como si me estuviera reclamado... Chale.
(SMD, ahí muere. Ya déjame en paz, que yo ya dejé de hacerlo desde hace tiempo.)
Y como de verdad está quedando en ese pasado, he conocido a alguien más que ha venido a borrarlo muy velozmente (y que además es más guapo que él). No en plan "un clavo saca a otro clavo", pero sí con una sonrisa todo el tiempo y con la comprensión que requiero para hacerme sentir deseado, interesante, atractivo y, sobre todo, en confianza.
Ayer, 15 de septiembre, salimos por cuarta vez, y por primera vez con sus amigos. Nos vimos en un bar de Coyoacán, con la intención de escaparnos y ver los eventos de la delegación por el Grito de Independencia.
Minutos antes de que llegara al bar en donde él me esperaba, crucé las calles y parques del centro de Coyoacán, esquivando gente y diciéndome: esta es tu segunda oportunidad, no la cagues.
Y en efecto, no la cagué. Porque sin tomarme una Felix Felicis (poción de la buena suerte en el universo de Harry Potter), todo salió positivamente y obtuve el lugar que me merezco.
Ahora él me hace feliz y sonreír cada que nos vemos. Mañana será una ocasión más, un paso más al bueno (¿será que ahora sí?).
AhíSeVen.
Ayer, 15 de septiembre, salimos por cuarta vez, y por primera vez con sus amigos. Nos vimos en un bar de Coyoacán, con la intención de escaparnos y ver los eventos de la delegación por el Grito de Independencia.
Minutos antes de que llegara al bar en donde él me esperaba, crucé las calles y parques del centro de Coyoacán, esquivando gente y diciéndome: esta es tu segunda oportunidad, no la cagues.
Y en efecto, no la cagué. Porque sin tomarme una Felix Felicis (poción de la buena suerte en el universo de Harry Potter), todo salió positivamente y obtuve el lugar que me merezco.
Ahora él me hace feliz y sonreír cada que nos vemos. Mañana será una ocasión más, un paso más al bueno (¿será que ahora sí?).
AhíSeVen.
Comentarios