Preliminar: Descubriendo.

Ya he ido a mi Facultad dos veces. Una, el lunes 26 a inscribirme y dos, hoy (miércoles 28) a la ceremonia de bienvenida. 

HOY:

7:00 hrs. Sufro al levantarme, me lavo y estoy listo a las 7:40, para salir de mi casa y tomar el microbús que me lleva a la base de los camiones que van a CU. El micro tarda en pasar y yo me desespero. 

8:00 hrs. Llego a la base de los camiones, pago los 10 pesos de pasaje y abordo mi lugar, vacío (por suerte). Trato de abrir la ventana y mi limitada fuerza me lo impide. Continúo leyendo el libro de cuentos que me regalaron hace unos días, "¡Chao!" de Lygia Bojunga (escritora brasileña dedicada a la literatura infantil), leo uno sobre los celos, muy bueno. No lo terminé, prefiero dejar el final para la noche.

8:20 hrs. Se sienta junto a mí una muchacha, no saluda ni hace gesto de estar de buenas. Se acomodó en el asiento y comenzó a quedarse dormida. El camión no avanzaba, me desespero más, pienso que llegaré tarde a la Universidad, mi cita es a las 9:00. Abrí el Danup que tomé del refri de mi casa y me lo tomo.

8:31 hrs. El camión avanza, lentísimo, pero lo hace. Dan las 8:40 y el camión aún no llega a Periférico, definitivamente no llegaré a la hora deseada. Me comenzó a doler la cabeza e intenté abrir la ventana, esta vez sí pude. Hacía un frío espantoso. 

9:14 hrs. El camión llega a CU, me bajo en Metrobús CU y tomo el Pumabús que me lleva cerca de la Facultad. Una mujer hablaba con el conductor, se supone que eso está prohibido. Me bajo en Biblioteca Nacional para esperar al siguiente Pumabús (el que me deja en la Facu). Dieron las 9:23 y jamás llegó. Tomé un taxi que me llevó a la Facultad, me cobró 10 pesotes. 

Por un momento creí que me había confundido de Facultad, pero el taxista me había llevado hasta ahí y estaba seguro de que esa era, yo no. Crucé la avenida y me adentré en el inmueble. En efecto, era la Facultad. Aceleré el paso para llegar más rápido al auditorio.

En las escaleras que me llevan a la explanada, me encuentro a los edecanes (identificados porque llevaban playeras amarillas con la leyenda "Comunidad 100% políticas"), uno de ellos me pregunta si soy de nuevo ingreso. Afirmo y me hacen formarme en una nueva fila. Uno de ellos nos dirige a través de la explanada hacia el otro lado de ésta, donde hay una rampa. Ahí nos entregan una carpeta con un montón de folletitos dentro, una pluma de la Facultad y nos pegan un número en el pecho; obtengo el 28, al igual que los otros.

9:34 hrs. Nos dirigen a la explanadita fuera del auditorio, donde había unas 70 sillas, la mitad de ellas ocupadas por alumnos que también llegaron tarde. Había un televisor de LCD, ahí transmitían la ceremonia de bienvenida, desde el interior del auditorio.

Aburrida la ceremonia. Hablaron el director, el periodista Javier Solórzano y el politólogo José Woldenberg. Junto a mí, dos muchachas no paraban de hablar, me les uní haciendo mi intervención con un "¡Sssss!" cuando a una se le cayó su celular al suelo. Una de ellas preguntó mi nombre, le dije mi primer nombre (cosa que no hacía desde hacía mucho). Hice lo mismo, y la serie de preguntas, respuestas y comentarios entre ella y yo duró toda la ceremonia.

11:13 hrs. Comenzaron las visitas guiadas por la Facultad. Me encontré con Ángel, un ex compañero de clase en la preparatoria. Estuve con él hasta que nos separaron las visitas. Nos guiaron una chica de Comunicación y un chico de CP (o Ciencia Política), éste último con una voz más débil que la de la chica, muy de homosexual. 

Recorrimos los edificios importantes de la Facultad, la cafetería, la biblioteca, la dirección. El lugar está tan enredado que seguramente me perderé al buscar mis salones cuando comiencen las clases. 

12:50 hrs. Ángel aparece de nuevo. Comienzan las pláticas sobre cada una de las licenciaturas. La mía dura muchísimo, mi trasero se entume y mi espalda duele cuando me levanto al final para gritar el Goya. 

Alrededor de las 14:30 hrs, salimos del auditorio y Ángel yo nos dirigimos a la caja (que está en algún edificio) a comprar el manual para el curso propedéutico de la semana siguiente. Costó $65, ¡ratas!

Luego acompaño a Ángel a su inscripción (pues se le olvidó que era el lunes), tardamos media hora. En la fila me cuenta que su padre es veterinario y varias veces le ha tocado ver cómo sacrifican perros (sus animales favoritos).  

A eso de las 15:20 me despido de Ángel. Tengo mucha hambre, me compro unos Choco Roles. Fui a la cabina de la entrada del estacionamiento a preguntar dónde salen los camiones que van a mi pueblo. El hombre me dice las indicaciones maravillosamente. Como no hay Pumabús que llegue a donde el hombre me dijo, me decido a tomar un taxi (pirata, de seguro). Me cobró 17 pesos, por ir "aquí adelantito" y por confundirse el muy pendejo de destino. Al llegar, no le reclamo. Le pago, azoto la puerta y me alejo. Algo me dice que va a ser más fácil llegar a la base de camiones desde donde estoy. Pasó un Pumabús, le dio la vuelta a todo el circuito escolar para llevarme a Estadio de Prácticas, que es donde está la base. 

Subo al camión, pago los 10 pesos y regreso a mi casa. 

En el camino escribo un instructivo al que titulé "Cómo llegar de mi casa a la Facultad y viceversa sin perderse y sin gastar mucho", me gustó.


BUENANOCHE


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