Capítulo 3 - Paraíso
He dejado pasar varios días. No ha pasado un mes desde que conocí a Samuel y ahora tengo varias dudas de cómo va a ser todo en un futuro cercano. No he escrito porque él no me ha dado motivos para hacerlo. Hemos salido en algunas ocasiones, pero han sido salidas de lo más aburridas... o más bien, sin nada extraordinario que determine a ese día como “un día para recordar”. Al final de cada una siempre me siento vacío o incompleto.
Lo llegué a besar en tres ocasiones: la primera, cuando fuimos por primera vez al cine y vimos la película Pueblo chico, pistola grande; la segunda, cuando fuimos al cine por segunda vez y vimos Trascender; y la tercera, después de ver Trascender. La primera fue la más emocionante, sobre todo porque el beso estuvo acompañado de buenas dosis de abrazos y posiciones románticas que consistían en el uno recargándose en el hombro del otro.
Tengo solamente presente el recuerdo del primer beso. Fue durante la escena en la que Seth McFarlane y Charlize Theron encuentran una víbora en las montañas del viejo oeste. Justo en ese momento, mis labios recorrieron primero la parte que alcanzaban del cuello de Samuel, luego nuestras narices chocaron y finalmente nuestros labios se encontraron en un largo y húmedo beso.
No es que los otros besos no importen, pero creo que no debería relatar sobre ellos porque los sentí más forzados que nada. Y era obvio: apenas teníamos una semana y media de conocernos. Seré sincero, me siento como una pronta y por eso no quiero hablar de mis besos con Samuel.
He dicho que he escrito muy poco porque él no me da motivos para hacerlo. Hace poco Gerardo, como usualmente hace, me envió mi horóscopo semanal, el cual, por cierto, es demasiado acertado. Me asusta mucho lo que el horóscopo dice últimamente:
Te sentirás atraído por todo lo que sea contrario a ti y a tus deseos, y eso te mantendrá desconcertado y algo furioso. No te gustará el camino que toma tu vida amorosa, pero no sabrás cómo enderezarlo. Los negocios te darán grandes satisfacciones.
Cuánta razón tiene el horóscopo.
Hoy es cuatro de julio, plena madrugada. En unas horas tendré mi rutina cotidiana más un extra. Despertaré, desayunaré, iré al gimnasio, me ducharé; pero luego iré a consulta con mis dentistas y finalmente veré a Samuel...
Me advirtió, en pocas palabras, que sería una cita muy breve. Eso lo entiendo como que sólo veremos una película en el cine y después cada quien para su casa. Pero ni modo, es lo único que puede ofrecerme. Creo que debo empezar a desear mucho o a esperar demasiado de él. Sus palabras bonitas y elogios no bastan. El amor se debe sentir, antes de ser escuchado o visto.
···
Ya ha pasado la cita del cuatro de julio. Pero antes quisiera contar algo más.
El miércoles pasado fui a uno de mis lugares favoritos en la Ciudad de México: la Cineteca Nacional. Pero no precisamente fui con Samuel, porque ese sigue siendo mi pequeño objetivo de estos tiempos. Fui con Gustavo, que fue un equivalente de Samuel del año pasado.
Seré breve. La historia con Gustavo es a la vez larga y efímera. Fue una de las pocas personas que he conocido por internet y con quien después encontré una especie de conexión particular al compartir cosas extremadamente singulares en común. Poco después de conocernos, en marzo de 2013, quedé un tanto enamorado u obsesionado con él. El problema era que él tenía novio y yo adquirí el papel de “el amante” o “el otro”. Al cabo de unos meses, me harté y decidí terminar de una manera muy poco solemne con la relación. Después de varios meses, él regresó pidiendo perdón y diciendo que aún me extrañaba; pero advirtiendo que solamente podíamos quedar como amigos. A medida en que fueron pasando los meses, terminé por aceptar y ahora mi relación con Gustavo es más de amigos que de personas que se gustan. En verdad.
Cuando fui con él a la Cineteca el miércoles, decidimos ver Ninfomanía Vol. 1, de Lars von Trier. Yo la había visto previamente en la Muestra Internacional de Cine, pero siempre considero que una segunda lectura de los filmes no hace daño a nadie. A Gustavo siempre le interesó mi afán de ver películas en la Cineteca, decía que él era demasiado inculto en lo audiovisual para estar conmigo y que siempre apreciaba que le recomendara películas.
Después de la Cineteca, Gustavo y yo caminamos al centro de Coyoacán, igual que con Micelí. De hecho repetí el patrón. Recordé que las únicas tortas buenas y baratas de Coyoacán eran las de la cafetería El Jarocho, así que me compré una y me la comí sentado en una banca del centro, acompañado de Gustavo.
Después arreció la lluvia como nunca en mis ocasiones en Coyoacán. Ninguno de los dos traía paraguas, así que decidimos guarecernos debajo del toldo de una mesa del restaurante Antiguo Palacio de Coyoacán. Mientras observábamos la lluvia, Gustavo y yo empezamos a cantar My way de Sinatra. Yo mejor que él, obviamente. Recordé cuando le gustaba que le grabara canciones y se las enviara.
La lluvia estaba decidida a expulsarnos de ese lugar, así que con justa razón entramos al Antiguo Palacio y ocupamos una mesa. Trajeron la carta y ambos pedimos capuchino. Durante la charla subsecuente, un mesero encendió la chimenea y pusieron algo de música actual, de esa que no me gusta. Sólo recuerdo Chasing cars de Snow Patrol, que es la canción favorita de mi primo Diego y su novia.
Era el momento perfecto para una pareja que se quiere. Pero era afortunadamente lamentable que él y yo ya no nos quisiéramos.
⎯Estamos cumpliendo uno de mis sueños ⎯dijo Gustavo.
⎯¿Cuál?
⎯Este: estar aquí, en un lugar tan bonito como este y afuera la lluvia, la chimenea, la música... ⎯apuntó y soltó un suspiro⎯. Es algo que siempre había querido.
⎯Lástima que fue conmigo, ¿verdad?
⎯Pues no... ⎯replicó⎯, me agrada estar contigo, sólo que sería mejor que fuera alguien que... sea... mi pareja.
A partir de ese momento, Gustavo y yo comentamos algunas sobre las relaciones amorosas. Primero hablamos de nosotros, y después cada quien habló de su vida reciente. Gustavo salió con un chico que le gusta y al parecer la cita fue exitosa, pero no suficiente. Yo le platiqué de Samuel, de cómo nos conocimos y de cómo estaban las cosas hasta ahora. Al final de mi relato, Gustavo dijo:
⎯¿Qué se siente?
⎯¿Qué? ⎯pregunté.
⎯Salir con alguien que te gustaba incluso ahora que tienes a alguien.
No supe qué responder. Al cabo de unos minutos le dije que se sentía una rabia extraña. Eso no significaba que odiara a Gustavo ni mucho menos a Samuel, sino que en este momento sentía que estaba recobrando esa inestabilidad emocional de la que fui víctima por mucho tiempo.
Después la lluvia terminó y decidimos regresar caminando al metro Coyoacán. Mientras caminábamos conversamos en inglés, algo común entre él y yo.
⎯Bueno, pues nos vemos pronto ⎯le dije a Gustavo cuando estábamos en la estación del metro.
Él se despidió y me dio un abrazo obligado.
⎯Abrázame bien, qué tal si es la última vez que nos vemos ⎯reclamé y entonces sentí su abrazo forzado⎯. Qué poca tienes...
De pronto casi todo lo que sucedió al principio de este relato comenzó a suceder.
Llegó el convoy de Gustavo y se fue hacia el norte. El mío tardó en llegar y aproveché para colocarme mis audífonos. Sólo que cuando llegó mi convoy, Samuel no estaba allí. Cómo ansiaba tanto que apareciera y me abrazara justo como no lo hizo Gustavo.
Puse las mismas canciones: The miracle de Queen y agregué Elemento de Enjambre. Una lista de cosas llegó a mi mente:
- “¡Quiero a Samuel!”
- “¡Samuel, he dicho!”
- “¿Por qué no apareces, Samuel, no ves que siento que me estoy muriendo?”
Sólo pensaba en él. De verdad quería que apareciera y me diera el abrazo que tanto ansiaba en ese momento. Casi al llegar a Metro Universidad, puse mi canción favorita: Somebody to love, también de Queen. Es una canción que describe tan bien a Freddie Mercury y que, por lo tanto, también me describe a mí en cuanto al amor. Ambos nos sentimos como dos personas que tienen mucho amor que dar y que, por mucho que intentamos y hacemos bien las cosas con cada día que pasa, nadie que valga la pena llega para recibirlo.
Sin embargo, la versión de Somebody to love que sonaba no era precisamente mi favorita. Era la interpretada en el concierto de Montreal, Canadá, en 1982. Ese fue el concierto de Queen grabado con la mejor calidad audiovisual y en el que asistió el público más aburrido de la historia. Aún recuerdo a Mercury diciéndoles: Muévanse, hijos de puta. [...] Escuchen, si se quieren revolver y sacudir sus traseros un rato está bien. También pueden quitarse toda la ropa, si quieren.
Casi llegaba el final de la canción cuando llegué a la fila de la vagoneta. Seguía esperando que Samuel apareciera de la nada. Creo que mi aspecto era deprimente: la capucha de la sudadera puesta, las manos en los bolsillos y la cabeza baja.
De pronto, como por arte de magia mi mundo cambió.
Alcé la cabeza y ahí estaba Samuel, formado en la fila como aquel viernes 13.
Mi instinto hizo que lo abrazara ferozmente y que lanzara algunas expresiones de sorpresa. Esa sí era una verdadera sorpresa, una hermosa coincidencia.
Venía pensando en él y de pronto aparece enfrente de mí. Eso es algo mágico. Es el destino o una coincidencia demasiado perfecta.
Samuel, sin embargo, no parecía emocionado de verme. Quizá le dio vergüenza mi repentina emoción y mis ganas de abrazarlo y besarlo.
Platicamos un momento antes de subir a la vagoneta. Me dijo que había salido tarde del trabajo y que después había visto a una amiga que estudia en la Facultad de Veterinaria. Durante el camino nos sentamos por fin juntos y tuve la oportunidad de recargarme en su hombro. Él, como siempre, quejándose del cansancio que se le acumula al final de cada día laboral.
Cuando la vagoneta recorría Acoxpa, dije algo que tal vez llenó su mente de sorpresa.
⎯¿Te puedo ir a dejar a tu casa?
⎯¿De verdad? ⎯preguntó sorprendido a la vez que esbozaba una sonrisa perfecta llena de brackets.
⎯Sí.
⎯Pero se te hará tarde...
⎯No importa, tengo tiempo; y además quiero estar contigo.
Eso bastó para que el momento se volviera más cómodo. Finalmente llegamos al lugar donde vive. Bromeé con que era un día de suerte porque así ya sabría a dónde llegar con los mariachis cuando le llevara serenata. Realmente considero esa o cualquier otra opción para hacer con su casa. Me grabé en la memoria la referencia que me dijo: el letrero azul de la papelería El Estudio.
Finalmente, me acompañó de vuelta a la vagoneta para que yo regresara a Villa Coapa. Me fui en la primera que llegó y durante el camino le escribí un SMS:
Llevo cinco minutos sin ti y ya te extraño :(
Perdón, pero alegraste mi día como nunca :3
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Sin respuesta.
No me importó. Sólo me importaba que mi día una vez más se había alegrado gracias a él.
···
La salida del cuatro de julio fue un éxito y por primera vez me sentí satisfecho, a pesar de que hubo algunos obstáculos e infortunios que, finalmente, fueron solucionados por mí. Siempre yo... O tal vez fue mi insistencia.
Ese día tuve consulta mensual con mi dentista, así que después del gimnasio me alisté para estar puntual en el consultorio, sobre todo porque mi sesión era a las 4:45 y yo tenía que estar con Samuel a las 5:30 en el centro comercial Paseo Acoxpa, en donde veríamos una nueva película mexicana llamada Paraíso, de Mariana Chenillo, una egresada del CCC (Centro de Capacitación Cinematográfica).
La frustración se apoderó de mí cuando el Tren Ligero tardó más de lo debido en llegar al Estadio Azteca y cuando el chofer del pesero que me llevaría al centro comercial hacía paradas innecesarias de la chatarra que tenía por pesero.
Samuel llegó puntual y me hizo el favor de comprar los boletos para la función de las 6:05 de la tarde. Finalmente yo compré las palomitas y un refresco para él y un ICEE (ai ci) para mí.
Mi estado de ánimo se autodefinió como chipil, que es una mezcla de berrinche injustificado con tristeza y desesperación. Quería que Samuel me abrazara y me dijera que todo estaba bien, pero no lo hizo de la manera en que yo esperara.
Cuando entramos a la sala, ocupamos nuestros lugares y comenzamos a consumir las golosinas del cine. Después le enseñé mi ejemplar de la revista Rolling Stone de julio, que traía en la portada una fotografía de Freddie Mercury en concierto. El titular rezaba: Queen. Rapsodia trágica. Los excesos y el éxtasis de Freddie Mercury.
Después inició la película Paraíso. Trata de una pareja heterosexual con sobrepeso que se muda de Satélite a la Ciudad de México. La chica, Carmen, descubre que se burlan de ella por su peso y, junto con Alfredo, su marido, decide entrar en un grupo para perder tallas. Pero quien lo logra es él y no ella. Eso supone un conflicto amoroso entre ambos en los que se ven inmiscuidas terceras personas.
En cada escena en la que la chica zorra le coqueteaba al ya delgado Alfredo, Samuel estrujaba mi mano con cierta ira.
⎯Ahí está tu consejero... ⎯me decía, haciendo referencia a Josué Lugo, quien me saludó efusivamente cuando Samuel y yo íbamos llegando a mi Facultad unos días atrás. Samuel pensó que Lugo era un pretendiente mío, pero nada que ver. Si conociera a todos mis pretendientes de la Facultad, se sorprendería. Espero que eso nunca suceda.
Al final de la película, salimos y caminamos toda Acoxpa y Las Brujas hacia División del Norte. Después de ahí a Pericoapa, en donde comimos tacos al pastor callejeros que rompieron con mi dieta y todo el ejercicio que había hecho en la semana.
Mis piernas dolían por varias razones: una, que el ejercicio del día anterior estaba cobrando venganza; y dos, que habíamos caminado mucho. Fue un error comentarle esto a Samuel, porque después ya no me quería dejar caminar e insistía con que me fuera a mi casa lo más pronto posible.
Sin embargo, mi insistencia de ir a dejarlo a su casa de nuevo pudo más que eso. Pronto ya nos encontrábamos caminando sobre Calzada del Hueso con dirección a la referencia más próxima de su casa: la papelería El Estudio.
⎯Oye, te quiero hacer una pregunta... bueno, no ⎯se arrepintió en el camino.
⎯¡No, dime! ⎯insistí.
⎯No tiene caso ahorita.
⎯¡Por favor!
⎯Bueno, es una pregunta de chismógrafo ⎯comenzó⎯, ¿tú, en tus relaciones pasadas, eras de hacer cosas en la calle...?
⎯¿Cómo, sexo?
⎯¡No! Jajaja
⎯Ah, continúa.
⎯Pues de besarse, tomarse de la mano y toda la cosa...
Para mí hacer esa pregunta significa dos cosas:
- No me gusta hacerlo.
- No lo hagas conmigo.
Sin embargo, respondí sinceramente:
⎯Sí, besos y abrazos sí; pero no tomarse de la mano. Eso no me gusta... ¿Y a ti?
⎯Pues no, yo casi no lo hacía...
Y la conversación terminó ahí. Desde ese momento supe que una muestra de afecto o cariño con Samuel tendría que ser exclusivamente en privado o al menos lejos de la vista de muchas personas a la vez. Comprendí hasta ese momento que la razón por la que no quería abrazarme nunca en público era esa. Por eso no me abrazó con gran emoción cuando nos encontramos por casualidad en la fila de la vagoneta.
A partir de este momento dejaré de abrazar a Samuel en público. Lo besaré sólo cuando no haya gente. Y de vez en cuando esperaré a que él lo haga primero, justo como pasó después.
Caminábamos por la oscura Calzada del Hueso, bajo las sombras de los árboles, sin decir nada. Samuel de pronto se aproximó a mí y tomó mi brazo. Me hizo girar y me plantó un diminuto beso que ocasionó que nuestros anteojos chocaran y a la vez se empañaran.
⎯Perdón por mi beso todo chafa... ⎯se excusó.
⎯Fue un picorete...
Y minutos después hice lo mismo pero con más estilo y asegurándome de que todo saliera bien. Fue una breve pero muy buena sesión de besos. Todo en ausencia de personas.
Me voy a acostumbrar a él porque no tengo opción si es que quiero seguir con esto. Siento que es una oportunidad única en la vida como para dejarla ir. No quisiera cambiar, pero tendré que hacerlo porque ahorita no tengo otra cosa más importante con nadie que no sea él.
Esta idea loca es considerada como un preludio de mi vida futura con una pareja: ambos trabajando, un poco lejos y por largos periodos de tiempo, pero queriéndonos. Gerardo me dijo que a cualquier edad hay tiempo para las cursilerías y las muestras de cariño.
¿Será verdad? ¿Samuel entenderá eso?
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